Como aficionado y practicante, que uno de mis hijos me diga que se quiere dedicar al deporte profesional sería todo un orgullo. Ahora, como padre, una preocupación de más.

No es que quisiera que fueran abogados, médicos o de una “reputada” profesión (lo entrecomillo porque sin excepciones, y el deporte no iba a ser menos… toda profesión es reputada), sino que conociendo cómo se mueve a día de hoy la formación y la práctica del deporte de élite, mucho me temo que tardarían mucho más de lo que merecerían en “dejar de pasar hambre” y ganarse la vida con algo más que una afición.

A los datos (y por tanto, hechos) me remito: solo uno de cada 16.000 deportistas llega a vivir profesionalmente del deporte. Con tal bestia estadística, ¿cómo ilusionarse y pensar que se puede ser una estrella del balonmano, de la natación o incluso del fútbol?

Aunque apuntan maneras, ninguno de mis dos hijos me ha dado la ilusionante/preocupante noticia de que quieran ser deportistas de élite y dedicarse de pleno a ello, pero si lo hicieran (suspiro intenso), no se trata solo de apoyarles, sino también de guiarles y asesorarles para que sus aspiraciones se conviertan en realidad, ¿cómo? Pues de este planteamiento surgió este artículo.

 

La guía de Marcos Heredia para la dedicación a la práctica deportiva

 

Lo primero: pies sobre la tierra. La estadística por mucha ilusión que le pongamos, por mucho esfuerzo que hagamos, va a seguir ahí, casi inmutable. Por ello tenemos dos opciones: o dejar que nos “aplaste”, o ser realistas y adaptarnos a ella. ¿En qué sentido? Pues abriendo el abanico para que ese “1 de 16.000” se convierta en el rango de 1.000 o 10.000 entre 16.000 en el que encontramos no a deportistas profesionales, pero sí monitores, profesores de educación física, formadores, entrenadores, etc.

Es decir, tener cabeza y como ocurre en la inversión, no destinar todos los esfuerzos únicamente a una disciplina, sino diversificar y ver qué otras opciones tenemos para seguir en el mundo del deporte si el plan A falla.

Lo segundo es precisamente ir a por todas para que ese plan A no falle. La tarea de diversificación no tiene que llegar desde el minuto uno, sino sólo cuando muchas puertas se nos cierran y el tiempo corre en nuestra contra.

Esto quiere decir que si alguno de mis hijos me dice “la locura” de que se quiere dedicar al bádminton profesional adelante: pero no para ser un jugador de bádminton, sino para ser la mismísima Carolina Marín. Es decir, nada de practicar o “jugar” los fines de semana o a media tarde, sino estudiar por la mañana, entrenar toda la tarde. Solo si les veo motivación, garra y espíritu de lucha podré saber que realmente es lo que quieren.

 

La conciliación: un gran estigma también en el mundo del deporte

 

Se habla de la conciliación como uno de los grandes males del trabajador del S. XXI y al hablar de deportistas como trabajo, no iba a ser menos…

El problema es que mientras para una profesión “de oficina” o “9 to 5”, el problema va más enfocado a tener tiempo para la familia o para el ocio, en el caso del deporte el problema es tener tiempo para practicar 8 horas de media diaria sin tener que dejar de lado ni estudios, ni formación adicional y, ni mucho menos familia y ocio.

Existen academias de élite o los afamados centros de alto rendimiento que compaginan muy bien estos problemas, impartiendo clases o proporcionando los medios necesarios para que un día de un deportista cunda tanto como el de otra persona. El problema es que estos centros son por norma general carísimos y casi que adoptan un régimen de internado.

Por ello, volviendo al tema “papá quiero ser deportista”, lo ideal no es ni desmotivar ni eludir, sino pactar cómo alguien se convierte en deportista: diseñar un calendario en el que haya cabida para todo y en el que no se deje de lado ni la formación académica, ni la formación deportiva. Si todo cuadra, encaja, y la ilusión sigue intacta, la conciliación dejará de ser un problema.

 

La vida más allá de la práctica deportiva

 

Para “diversificar”, pero también por el hecho de que por muy bueno que seas en un deporte, por desgracia no toda la vida vas a poder “vivir” de él o en una forma física que te permita desarrollarlo permanentemente, tanto para la formación académica paralela como para encontrar salida a nuestro conocimiento adquirido, existen carreras y ramas profesionales donde los deportistas de élite pueden encontrar un hueco sin renunciar a su pasión.

Es el caso por ejemplo de la fisioterapia, el marketing, periodismo deportivo, sport management, organización de eventos… La clave está en buscar dentro de lo que somos buenos o de lo que nos hemos formado, el nicho que encaje con el deporte. Con nuestra sobrada experiencia y conocimiento de años y años de práctica, las oportunidades no nos faltarán.

 

Entusiasta del marketing y los deportes (algo que puede ir perfectamente de la mano) disfruto sobre todo haciendo partícipe a quien así lo desee de mi día a día. Razón por la que he creado y comparto el blog de Marcos Heredia.
¿A qué niveles se puede vivir de la práctica deportiva en España?
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