Hace apenas una semana os introducía un tema que cada vez gana más peso en el propio sector del marketing digital, que no es otro que el posicionamiento personal o cuidado de la reputación online.

En el artículo sobre posicionamiento personal os ponía el ejemplo de hacernos la típica búsqueda de nuestro nombre en Google y analizar los resultados que arroja, siendo estos la primera impresión que damos de nuestro reflejo en el mundo digital.

Esa búsqueda de tu nombre ahora la has hecho tú pero, ¿crees que en estos tiempos que corren un reclutador no te va a buscar para “indagar” mucho más allá de lo que dices ser en tu currículum?, ¿crees que una ficha en LinkedIn ya es suficiente para saciar la sed de información sobre tu persona que pueda tener tu posible jefe?

Y lo que resulta más inquietante: ahora el resultado probablemente son tus cuentas en RRSS y poco más pero, ¿qué sucedería si ante un rifirrafe cualquiera, alguien con intención de dañar tu imagen escribe sobre ti usando descalificativos?, ¿qué sucedería si ante la búsqueda “Marcos Heredia Tapia” en vez de estos resultados comunes a alguien de mi trayectoria laboral, apareciera el término “estafador”?

Por todo ello y por más cuestiones que iremos abordando poco a poco, es muy importante que jamás descuidemos nuestra imagen en internet: lo que decimos, lo que dicen y lo que puedan decir de nosotros. Todo lo que vaya vinculado a nuestro nombre en internet debe mimarse y vigilarnos porque sea más visible lo que se asemeje a nuestra realidad, que lo que otros quieran pasar por real.

 

La importancia del control y cuidado de la reputación online

 

Lo que me apasiona de este tema de la reputación online es las posibilidades que presenta: en cuestión de minutos hasta la más impecable persona, puede convertirse en lo que la comunidad digital desee que sea, parezca o refleje.

No es que disfrute viendo como la buena imagen de una persona se rompe en pedazos en apenas un tweet o en un comentario desafortunado, sino precisamente reconstruyéndola. Internet tiene su cara positiva y obviamente su cara negativa, pero si controlamos los factores que determinan cada una de ellas, será más sencillo que hagamos prevalecer sus mejores valores.

Así, si tuviste un mal día, escribiste un mal comentario o alguien te ha criticado algo que hiciste, no le quites importancia con un simple ¡bah! ni esperes que como una botella de plástico en el océano, se pierda entre la vorágine de contenido que aparece día tras día en internet. La mejor defensa no siempre es un buen ataque y en el mundo 2.0, donde la soberbia sobra, la humildad es un valor muy bien visto.

Por ello, ante el más mínimo ataque a tu persona o crítica a tu empresa actúa, siempre de forma amable y argumentada, y no temas pedir perdón si es oportuno. Y para que un simple comentario no resulte más visible que el trabajo de años, no dudes tampoco en visibilizar tus mejores valores o los de tu empresa, y hacerlos valer como toca.

Por qué debemos cuidar nuestra reputación online
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