Buenos días, por favor, gracias

No quisiera molestar a nadie, pero tengo que explayarme. Nuestra sociedad está perdiendo los modales. Y no hablo sólo de la generación más joven (que los hay) sino de las personas en general. Sea la edad que sea, no entraremos a segmentar. Sí, llevo tiempo observando en silencio el comportamiento de los desconocidos en la calle, en los establecimientos, en los organismos públicos, en los bares, en los ascensores y hasta en departamentos de atención al cliente.

Me considero un voayeur social, lo reconozco. Atento siempre a la interacción entre las personas, sus expresiones, los gestos, su forma de ser y actuar. Cada cuál tiene sus manías. Y llevo un tiempo asimilando una falta de educación generalizada, no hablo de gestos de cortesía ni detallismos… hablo del nivel más básico. El buenos días, por favor, gracias.

Estoy convencido que más de uno/a de vosotros/as lo habrá notado. Y es que, con el paso de los años, la cosa va a peor. A mí desde pequeño me enseñaron a tratar a la gente con respeto, a hablar de usted a la gente mayor, a mirar a las personas a los ojos y a interactuar con una sonrisa. Todo esto es gratis. Me considero afortunado de haber recibido una educación por parte de mis padres y maestros. Algo que debería ser elemental en cualquier ser humano, hablo de empatía, aunque no se conozcan entre sí. ¿Tanto cuesta cambiar el chip?

¿Cuáles son los motivos? ¿Será por la crisis? ¿Será por que la mayoría de las personas que nos cruzamos ha tenido un mal día? ¿Será por las frustraciones cotidianas? ¿Será una infelicidad generalizada que se expande como una epidemia por nuestra sociedad desarrollada? Quizás es que estoy más sensible por estas fechas navideñas. Falta sonrisas, falta entusiasmo, falta energía en las miradas.

No hay día sin cruzarte con caras largas, ese dependiente triste y gris, ese funcionario agobiado, esas miradas perdidas, la falta de empatía, no sé… la mala leche, vamos. Por si fuera poco la tecnología está sembrando su parte. Auténticos devotos del smartphone, robots humanos que viven por y para el dichoso “Me Gusta”, buscando seguidores, los selfies a todas horas, y todo ello en detrimento de la reconfortante comunicación interpersonal. Falta más de eso. Observad por ejemplo el interior de un vagón de metro y ahí están los zombies digitales, son legión. Como los móviles sobre la mesa en una comida (esperando el próximo mensajito de Whatsapp), la foto “espontánea” en todas y cada una de las celebraciones, el “te llamo un día y (nunca) nos vemos”, etc…. Ah, y todo el stress que generan las actualizaciones de estados en las redes sociales a todas horas del día (incluso de la noche). Hay que molar y hay que mostrar que molamos. Pero hay niveles y niveles, señores.

…Y quizás se nos está yendo de las manos. Conste que no critico el buen uso de la tecnología “para facilitarnos la vida”, critico el orden de preferencias “Máquina vs. Humanidad”, el saber estar cuando es debido. Yo lo tengo clarísimo, llamadme transgresor pero me niego a doblegarme ante el uso improductivo de la tecnología, porque se creó precisamente para facilitarnos la vida y no para convertirnos en sus esclavos. Se acerca el 2015 y yo ya he decidido uno de mis objetivos para el nuevo año… ¡Felices Fiestas a todos/as!