El jazz es un estilo musical con cierta aurea maldita, me explico: considerado como de un gusto exquisito y refinado, es apreciado en todo circulo musical que se precie, pero sin embargo poco oído e incluso rechazado en público para quienes no consiguen apreciar en sus finas melodías el sentimiento que arrastra.

Mientras que otros estilos tienen fácil cabida en cualquier local o reunión de amigos, el jazz se asocia con sofá, puro, silencio ambiental o si acaso como hilo musical en una conversación trascendente: no hace falta detener el tiempo para apreciar el jazz. Como ocurre con otros tantos sonidos, solo basta dar con la clave y con la melodía al gusto de cada consumidor. Y es esto mismo lo que me gustaría abordar en este capítulo del blog de Marcos Heredia: cómo introducirnos en el apasionante mundo de la música jazz.

 

Qué es el jazz

 

No os voy a entrar a definir el jazz acudiendo a Wikipedia y haciendo “corta-pega” de su definición, sino simplemente ahondar en su naturaleza, para que entendamos su idiosincrasia particular que lo hace incomparable con otros estilos incluso “refinados” como la música clásica.

Otras músicas surgen del perfeccionamiento, del tocar una y otra vez instrumentos hasta dar con la melodía adecuada, con adicciones, eliminando sonidos… Dar con los ingredientes que hagan de una partitura o una canción algo sin igual. Sin embargo, el jazz (y esa es una de las características que lo hacen único) surge de la improvisación, de la rítmica pura y dura, del gusto (y talento) por hacer de un sonido algo irrepetible pero sin manufacturar.

Tal como ocurrió con el blues, las raíces del jazz son puramente negras, de los guetos y de las plantaciones donde los esclavos trabajaban sin ton ni son, siendo la música para ellos una vía de escape y una forma de sonreír a la vida. Mientras que mediante el blues mostraban sus lamentos, el jazz les nutría de la energía para ver el día a día con optimismo.

A día de hoy, pese a que la vinculación con la raza afroamericana es casi perenne, el sonido se ha democratizado, pero conserva ese carácter innato y propio de quienes, tal como ocurría en las plantaciones sureñas de EEUU, sienten la música como algo personal, propio y desgarrador, y así lo interpretan, ya sea mediante la voz, mediante los instrumentos o en una apoteósica combinación de ambos.

 

Los grandes nombres del jazz

 

Mientras el jazz se abría paso en la escena musical rápidamente en los locos años veinte, no fue hasta la década de los 30 cuando los primeros artistas de renombre comenzaron a darle lustre (aunque esta sea una afirmación injusta con todos los intérpretes que desde finales del s. XIX improvisaban y amenizaban locales o puntos de reunión). Entre ellos, destaca como uno de los embrionarios el gran Cole Porter.

Cole Porter es uno de los mayores compositores de música popular estadounidense, donde el Jazz tiene amplio y merecido protagonismo. Él es el responsable de muchos de los conocidos como “standards” (temas clásicos cuya interpretación forman parte del repertorio de otros grandes artistas o como bases para la improvisación de otros temas), de los que destacan el inolvidable “I’ve Got You Under My Skin”, “Anything Goes”, “Just One Of Those Things” o “Let’s Do It (Let’s Fall In Love)”, reversionadas en grandes voces como las de Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Charlie Parker, Marilyn Monroe o más recientemente Alanis Morissette o Lady Gaga en su peculiar tributo junto a Tony Bennett a los standards en “Cheek to Cheek”.

Respecto a instrumentistas (aunque lo más reconocible sería su voz), merece todo un capítulo por icónico y, obviamente por talentoso el gran Louis Armstrong, cuya imagen de mofletudo forma parte del imaginero popular tanto como sus interpretaciones de “What a Wonderful World” o “Hello, Dolly”.

Nat King Cole o B.B. King, quien ahondó más aún en las raíces del jazz afirmando que su sueño se cumplió al momento que la raza negra “dejó de avergonzarse del blues, su música más original”, dieron aún más lustre a un género que aunque algo minoritario, tiene en nómina de los mejores intérpretes musicales de la historia.

En cuanto a las divas, libros enteros se merece Billie Holliday, de las primeras que comenzó a trabajar su voz como si de un instrumento se tratara en este género, modulando e interpretando cada sílaba a la perfección e imprimiendo de una personalidad sobresaliente canciones que, sin serlas, se le atribuía al instante.

A la zaga, e incluso superándola, se encuentra su más inmediata discípula, Ella Fitzgerald, que sumó una dicción perfecta al manejo de su timbre y merece que su nombre se relacione con el género casi de forma inmediata.

 

Ella Fitzgerald es sin duda alguna uno de los nombres mayúsculos de la música jazz, y todo un referente para Marcos Heredia

 

Por dónde comenzar a escuchar jazz

 

Si queremos escuchar jazz sin acercarnos de pleno al jazz, podemos apreciar su notable influencia en voces contemporáneas como las de la “maldita” Amy Winehouse en temas como “Love is a Losing Game”, donde precisamente es el despojo de toda la producción “rythm & blues” moderna presente en el resto de sus temas lo que le da ese toque jazzístico sin ser del todo jazz.

En la línea pero más cercanas aún al sonido New Orleans, nos encontramos con las también contemporáneas Norah Jones, Esperanza Spalding, Melody Gardot o Diana Krall, que se permiten el lujo de llenar estadios con una música propia, tal como introducíamos, de elegante salón.

Una vez hemos asimilado que una voz y una base minimalista melódica es todo lo que necesita una buena canción, nuestros oídos ya estarán preparados para dar el salto a las grandes voces que inspiraron al propio moño más famoso de Candem y a las citadas intérpretes: desde las genuinas y mencionadas Ella Fitzgerald y Billie Holliday hasta Sarah Vaughan, Dinah Washington, Peggy Lee y Betty Carter.

Ahora que medios como Spotify nos regalan la oportunidad de alcanzar estas voces a golpe de clic, o que el vinilo ha regresado con éxito para recordarnos que la música se paladea, no perdáis la ocasión de sumergiros con estas propuestas para descubrir que la sombra del jazz es mucho más alargada (y placentera) de lo que imaginabais.

 

Dónde degustar buen jazz

 

Tal de rica es la cultura del jazz que no hay ciudad que presuma de “urbanita” que no disponga de locales o espacios donde se disfrute a diario como merece. En Barcelona, donde mejor me desenvuelvo, lo encontramos en el emblemático Jamboree de Plaza Reial, el JazzMan, el Harlem Jazz Club o en formato más “para todos los públicos” el Soda Acústic.

Todos ellos destacan por un ambiente cuidado, cómodo y por sesiones de música en directo y de jam sessions, la verdadera alma del jazz: la improvisación.

En cuanto a eventos específicos, aconsejo para enamoraros de este estilo musical tanto como yo, dos de los más accesibles para todos los gustos y en un entorno incomparable: el Festival Jazzaldía de San Sebastián y el Bluescazorla jiennense, donde los programadores se preocupan por acercar al gran público leyendas y futuro de un estilo vibrante con escenarios tan emblemáticos como la playa de Zurriola o el bellísimo pueblo de Cazorla, a pocos kilómetros de la sierra que ve nacer al Guadalquivir.

Elijas la opción que elijas o por dónde empezar, no tardarás en descubrir por qué al jazz se le considera “música sibarita”, y no es otra característica que la de la necesidad imperiosa de pararte en cada nota, de saborear cada melodía y de transportarte con cada voz, algo imposible de experimentar en un MP3 mientras viajas en metro.

Breve guía de iniciación al Jazz
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